sábado, 9 de noviembre de 2013

La florcita que llegó a ser Doctora de la Iglesia

Título: Autobiografía
Autor: Santa Teresa de Lisieux o Teresita del Niño Jesús

"Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que Él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez. Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas.
Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños y estos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en hacer lo que Él quiere que seamos...
Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si solo ella existiese en la Tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiese más que ella. Y así como en la naturaleza todas las estaciones están ordenadas de tal modo que en el momento preciso se abre hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está orientado al bien de cada alma".

"Su profunda humildad convirtió a Teresa de Lisieux en un modelo potente y accesible para cristianos de todo el mundo. Después de todo ¿quién no ha sido humillado alguna vez?, ¿quién no ha experimentado las propias limitaciones?, ¿quién no se ha sentido "pequeño" comparado con los demás?, ¿quién no ha sufrido? Teresa es una persona con la que cualquiera puede hablar. La gente se siente cómoda con la Florecita.

Se llamaba a sí misma la petite Therese, Teresita, para distinguirse de Teresa de Ávila, su antecesora carmelita. Lo que se conoce como su "Caminito" es una espiritualidad flexible y duradera que consiste en hacer pequeñas cosas por amor a Dios, un camino de discipulado que acentúa la humildad alegre ante el Creador, y la voluntad de aceptar el sufrimiento.

Pero considerar a Teresa de Lisieux sólo una flor delicada es pasar por alto la enorme resolución que se escondía bajo sus delicados pétalos. Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, la llamó una vez, "barra de acero". Se trata, después de todo, de una persona que a los 15 años se negó a permitir que algo secundario como la Ley de la Iglesia, se interpusiera en su entrada al Monasterio: directamente llevó su caso al Vaticano. Incluso en medio de una dolorosa enfermedad terminal continuó rezando y teniendo fe"
Comentario de James Martin SJ, en "Mi vida con los Santos", Loyola Press, 2006

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